Fred Gage y su equipo del Instituto Salk de California llevan un decenio investigando los genes saltarines que se mueven por el cerebro en desarrollo (su nombre técnico es transposones). Gage, sin embargo, descubrió en la década pasada que todavía hay un transposón activo en el genoma humano (se llama LINE-1) y que salta de un lado a otro mientras el cerebro va creciendo y madurando. Su lugar favorito es el hipocampo, una zona cerebral esencial para la formación de memorias y también para su recuperación.
Los últimos resultados de Gage, obtenidos en ratones, son aún más interesantes. Se sabe que los cuidados que recibe un ratón recién nacido tienen efectos profundos en su desarrollo psicológico. Cuando la madre le presta atención, su estrés se reduce, mientras que la indiferencia materna incrementa su ansiedad, y estos efectos pueden durar toda la vida. Los científicos han demostrado ahora que la indiferencia de la madre conduce al movimiento y la acumulación de transposones en las neuronas del hipocampo; esto no ocurre en el resto del cerebro, ni en otros tejidos como el corazón. Se trata de un fenómeno genético muy específico y su correlación es perfecta con el grado de cuidados maternos. El ADN cambia en respuesta a la experiencia durante el desarrollo del cerebro. Todo esto es verdaderamente asombroso. No solo porque contradice algunas de nuestras convicciones más arraigadas, sino porque apunta a un mecanismo esencial para que el cerebro en maduración responda al entorno.
La movilidad de los transposones está también detrás de algunas enfermedades que afectan al cerebro, como el síndrome de Rett, que genera deficiencias de comportamiento, lenguaje y actividad motora, la esclerosis lateral amiotrófica y la demencia frontotemporal. Y hay indicios de que otras condiciones mentales más comunes, como el autismo y la esquizofrenia, tienen una relación profunda con los cambios en el genoma durante el desarrollo del individuo, sean o no debidos a transposones. Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos han fundado una iniciativa para investigar esos cambios (Brain Somatic Mosaicism Network).

Cuando una convicción contradice a un dato, siempre gana el segundo. Está en el ADN de la ciencia.
FUENTE: EL PAÍS
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